4 claves para entrenar tu cerebro y recuperar la motivación

Qué vas a encontrar en este artículo

La motivación no aparece por casualidad.
Y tampoco depende  de tener ganas.

Desde el neuroliderazgo sabemos que la motivación está relacionada con cómo interpreta el cerebro el esfuerzo, la recompensa, el avance y el sentido de lo que hacemos.

Por eso, cuando sientes que haces mucho, pero disfrutas poco, o cuando trabajas sin ilusión, no siempre te falta capacidad.

Muchas veces te falta entender mejor qué necesita tu cerebro para sostener la energía, el foco y las ganas de avanzar.

En este artículo te comparto 4 claves sencillas, que no son fáciles para entrenar tu cerebro y recuperar la motivación en tu vida personal y profesional.

Qué tiene que ver la neurociencia con la motivación

La neurociencia nos ayuda a entender que la motivación no es solo una cuestión de actitud. También tiene una base biológica.

Uno de los elementos más conocidos es la dopamina, un neurotransmisor relacionado con la anticipación de la recompensa, el deseo de avanzar y la sensación de progreso.

Dicho de una forma más simple:
tu cerebro necesita percibir que lo que haces tiene sentido, que avanzas y que merece la pena seguir.

Por eso, cuando no hay reconocimiento, no ves progreso o te exiges demasiado sin valorar lo que haces, la motivación baja.

La buena noticia es que eso se puede entrenar.

1. Recuerda logros pasados

Tu cerebro necesita pruebas de que sí puedes.

Cuando te sientes bloqueado, cansado o con poca ilusión, uno de los mejores ejercicios es mirar hacia atrás y recordar momentos en los que conseguiste algo que antes te parecía difícil.

Puede ser algo profesional o personal.
Aprender una habilidad.
Sacar adelante una etapa complicada.
Adaptarte a un cambio.
Superar un reto que al principio te imponía.

Recordar esos logros refuerza la confianza y le da al cerebro una señal importante: ya has podido antes, también puedes ahora.

Para aplicar hoy

Haz memoria y escribe tres cosas que has conseguido en los últimos años y que antes te parecían difíciles.

2. Compárate contigo mismo, contigo misma

Compararte con los demás desgasta.
Compararte contigo te ayuda a crecer.

Una de las formas más sanas de sostener la motivación es observar tu propia evolución.

Piensa cómo eras hace 1, 3 o 5 años.
Cómo reaccionabas.
Qué sabías.
Qué te costaba.
Cómo hablabas contigo.
Y cómo lo haces ahora.

Muchas veces el problema no es que no avances.
Es que no te paras a reconocerlo.

Cuando comparas tu presente con tu propio pasado, aparece una motivación más real, más estable y más conectada con tu desarrollo.

Para aplicar hoy

Pregúntate:
¿En qué soy hoy mejor que hace tres años?

3. Haz balance de pequeños avances

La motivación no vive solo de grandes metas.
También necesita pequeños logros.

Antes de acostarte, o una vez a la semana, para un momento y reconoce lo que sí has hecho.

No tiene que ser nada espectacular.
A veces el avance está en haber puesto un límite, haber tenido una conversación pendiente, haber mantenido la calma o haber terminado algo que llevabas tiempo evitando.

Tu cerebro necesita registrar progreso.
Y muchas veces no te falta motivación.
Te falta reconocer tus pasos.

Para aplicar hoy

Antes de terminar el día, anota cinco cosas que sí has hecho bien o que sí has conseguido.

4. Valora tu esfuerzo y tu implicación

Si tú no valoras lo que haces, tu cerebro difícilmente lo vivirá como algo valioso.

Valorar tu esfuerzo, tu constancia y tus ganas de mejorar no es ego.
Es una forma de reforzar el comportamiento que te ayuda a seguir adelante.

La motivación aumenta cuando el cerebro percibe que cada paso cuenta y que lo que estás haciendo tiene sentido.

Esto también es importante en empresa.
Un equipo no se implica más solo porque se le exija más. Se implica más cuando entiende el objetivo, ve avances y siente que su esfuerzo tiene valor.

Para aplicar hoy

Hazte esta pregunta:
¿Qué estoy haciendo hoy que merece ser reconocido, aunque todavía no haya llegado al resultado final?

La motivación también se entrena en empresa

Todo esto no sirve solo a nivel personal.

También sirve para liderar equipos, mejorar el compromiso y crear entornos de trabajo más humanos y más productivos.

Cuando una empresa ayuda a sus personas a ver progreso, entender el objetivo y sentirse reconocidas, mejora la implicación y mejora también la calidad de los resultados.

Por eso, desde el neuroliderazgo, motivar no consiste en dar discursos vacíos o palmaditas que no son sinceras.


Consiste en crear conciencia y valor  para que las personas quieran avanzar.

En resumen

Si quieres recuperar la motivación, la ilusión y las ganas de avanzar, no esperes a que todo venga de fuera.

Empieza por entrenar tu cerebro desde dentro.

  1. Recuerda tus logros.
  2. Valora tu evolución.
  3. Reconoce tus avances.
  4. Da importancia a todo aquello que te acerca a la vida que quieres construir.

Porque cuando entiendes mejor cómo funciona tu cerebro, también te resulta más fácil vivir y trabajar con más claridad, más confianza y más sentido.

Si quieres aplicarlo en tu empresa

Si quieres trabajar la motivación, el foco y el compromiso desde el neuroliderazgo en tu empresa o en tu equipo, hablemos.

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Ana Caldas

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