Hay soluciones que no ves porque todavía sigues pensando como en el siglo pasado.
En la cultura en la que vivimos, tenemos grabado a fuego que no hacer nada es perder el tiempo. Y claro, desde ahí, parar parece casi un pecado.
Si no estás produciendo, contestando mensajes, apagando fuegos o tachando tareas, parece que no estás haciendo lo suficiente.
Por experiencia propia sé que esa sensación pasa factura.
Aparece el malestar, la culpa, la ansiedad y esa sensación de que tendrías que estar haciendo más. ¿Te pasa?
A muchas de las personas con las que trabajo también les ocurre. Yo a eso le llamo el síndrome del bombero: te pasas el día apagando fuegos y cuando termina la jornada no sabes muy bien qué has hecho realmente. Has estado ocupadísimo, sí. Pero avanzar, lo que se dice avanzar… eso ya es otro tema.
Si te sientes identificado con esto, tranquilidad.
La neurociencia nos ha traído información muy valiosa sobre lo que ocurre en el cerebro y sobre lo beneficioso que puede ser, en determinados momentos…
¡ No Hacer Nada.!
Y sí, ya sé que esto puede hacerte cortocircuitar
Parar beneficia al cerebro
Una de las grandes noticias que trae la neurociencia es que no hacer nada también desarrolla el cerebro.
Lo que pasa es que esta idea choca con muchos prejuicios y creencias obsoletas del siglo pasado.
Porque una cosa es parar y otra muy distinta abandonarse al caos, al despiste o a la procrastinación con glamour.
Aquí está la clave.
Cuando el cerebro se pierde, deambula, sueña despierto o se distrae en exceso, desconecta del exterior y activa otras redes neuronales.
Si eso ocurre sin control y de forma continua, puede relacionarse con ansiedad, falta de foco o sensación de dispersión.
Pero cuando esa desconexión aparece en el momento adecuado , después de haber pensado, trabajado o buscado una solución, puede convertirse en una gran aliada.
A priori parece contradictorio, lo sé.
Pero no lo es tanto.
La diferencia está en elegir tú cuándo parar, cuándo dejar reposar una idea y cuándo volver a enfocarte. Es decir, no se trata de vivir en las musarañas. Se trata de que las musarañas trabajen para ti y uses esos momentos a tu favor.
El cerebro también encuentra soluciones cuando no estás pensando de forma consciente
Distintos investigadores han observado que una gran parte del tiempo despierto el cerebro está distraído (red neuronal por defecto)
También se ha estudiado que muchos momentos de insight, creatividad o solución aparecen cuando dejamos de forzar tanto la búsqueda consciente.
Seguro que te ha pasado.
Estás dándole vueltas a algo, no encuentras salida, te bloqueas… y de repente, cuando te metes en la ducha, das un paseo, haces deporte, estás en la cama o entras al baño, aparece la idea.
Como si el cerebro hubiera seguido trabajando sin pedirte permiso.
Y, en realidad, eso es justo lo que hace.
Las 2 fases que suelen aparecer cuando buscas soluciones
Podemos entender este proceso en dos fases muy sencillas.
1. Fase preparatoria
Es la fase en la que piensas de forma consciente, analizas, planificas, decides y buscas opciones. Aquí estás más en contacto con el exterior y con la tarea. Es la fase del foco, del esfuerzo y de la búsqueda activa.
2. Fase de búsqueda interna
Después, cuando aflojas un poco, el cerebro sigue trabajando por dentro. Empieza a conectar experiencias, aprendizajes y recuerdos que tú no estás trayendo de forma consciente, pero que siguen ahí. Es como si se pusiera a bucear en archivos internos mientras tú crees que simplemente estás descansando.
Y muchas veces es justo ahí donde aparece la solución.
No porque hayas hecho magia.
Sino porque has dejado de apretar.
Antes de la inspiración, el cerebro necesita relajarse
Se ha observado que antes de muchos momentos de inspiración el cerebro cambia su actividad y que, para que aparezcan esas conexiones más creativas, necesita cierto nivel de relajación.
Por eso muchas ideas surgen cuando estás:
- en la ducha
- en la cama
- paseando
- haciendo deporte
- o simplemente cuando bajas un poco el ruido
No suele pasar cuando estás con el cuello tenso, mirando el reloj, revisando WhatsApp cada tres minutos y queriendo resolver la vida en veinte segundos. Qué raro, ¿verdad?
¿Qué pasa cuando fuerzas demasiado al cerebro?
Que se tensa.
Y cuando el cerebro se tensa demasiado, pierde flexibilidad. Se bloquea. Empieza a dar vueltas sobre lo mismo y entra en lo que a mí me gusta llamar parálisis por análisis.
Es decir: piensas tanto, tanto y tanto… que al final no haces ná de ná.
¿Te suena?
Además, cuando estamos estresados o ansiosos aparece algo muy parecido a una visión de túnel. Cuesta más ver alternativas, cuesta más abrir la mente y cuesta más salir del mismo bucle mental.
Por eso es tan importante aprender a silenciar, aunque sea un poco, el ruido interno.No para pensar menos.
Sino para pensar mejor.
Entonces,
¿Cuáles son las 2 claves?
Clave 1: preparar primero y soltar después
Primero toca pensar, observar, analizar y trabajar sobre el problema. Pero después toca aflojar. Porque si no sueltas, no dejas espacio a que aparezcan otras conexiones.
Clave 2: bajar el ruido para que el cerebro encuentre alternativas
Si el cerebro está saturado, no ve igual. Necesita momentos de calma, menos presión y menos distracción para encontrar soluciones más creativas, más certeras y más productivas.
Así de simple.
Y así de poco simple a la vez.
Si lideras equipos, esto te interesa mucho
Si eres mando intermedio, directivo o empresario y quieres que tu equipo tome mejores decisiones y encuentre soluciones más productivas, conviene revisar algo básico: el entorno en el que piensan.
Porque si todo es ruido, prisa, interrupción y presión, el cerebro entra en modo supervivencia. Y desde ahí cuesta mucho innovar, conectar ideas o ver opciones distintas.
No es casualidad que cada vez más empresas hayan empezado a cuidar espacios de trabajo con menos ruido, más pausa y más margen mental. No porque se hayan vuelto blanditas. Sino porque han entendido que el cerebro humano funciona mejor cuando no vive todo el día en tensión.
El Doctor David Rock fundador y presidente de neuroleardership (nueva ciencia para el desarrollo del liderazgo)y el gran Seligman nos proporcionan 5 claves para buscar soluciones creativas, que Marta Romo explica en su libro Entrena tu Cerebro:
5 hábitos para potenciar soluciones creativas
Te dejo estos hábitos, muy alineados con la idea original de tu artículo:
- Busca cada día un pequeño espacio de inactividad, aunque sean diez minutos.
- Aléjate del móvil cuando necesites pensar con claridad.
- Elige tú las tareas, en lugar de vivir reaccionando a lo que aparece.
- Deja espacio también a los demás para pensar y resolver, sin controlar cada paso.
- Haz actividades manuales o que te gusten y te relajen: caminar, jardinería, dibujar, ordenar, cocinar, lo que a ti te ayude a bajar revoluciones.
La idea importante
No hacer nada, bien entendido, no es perder el tiempo.
Es darle al cerebro el espacio que necesita para conectar mejor, ver más opciones y encontrar soluciones que no aparecen cuando lo fuerzas.Porque a veces la solución no llega cuando más aprietas.
Llega cuando preparas, sueltas y dejas que el cerebro haga su parte.


