¿Quieres tener paz? Descubre los 8 pasos para dar feedback sin liarla

Qué vas a encontrar en este artículo

Pregunta del millón: ¿comunicas, informas o lo sueltas para quedarte a gusto que no tranquilo?

Porque no, no es lo mismo.

Hablar no es comunicar.

Hablar no es comunicar.

Hablar es decir algo.


Comunicar es conseguir que la otra persona lo entienda.


Dar feedback es lograr, además, que eso sirva para mejorar, no para secuestrar(enlazarlo con el de autocontrol) o montar una película en la cabeza del otro.

Y aquí está el matiz importante: 

Cuando una conversación activa amenaza, el cerebro no se pone en “modo aprendizaje”. Se pone en modo defensa

Modelos de neurociencia aplicada al liderazgo, como SCARF de David Rock, explican que amenazas sociales como sentirte juzgado, perder estatus, no saber por dónde va la conversación o percibir injusticia activan respuestas de miedo (parálisis, huir, atacar) muy parecidas a las que aparecen ante otras amenazas de supervivencia.

Dicho en plata: si la otra persona siente ataque, no escucha.

 Se protege. Se justifica. Se cierra. O hace ese maravilloso deporte llamado “decir que sí con la cabeza y no con el cerebro”.

Además, la investigación sobre dolor social muestra que el rechazo, la crítica o la exclusión no son tonterías para el cerebro. Se viven como experiencias con carga real, y por eso una mala conversación se recuerda más de la cuenta.

¿Cómo quieres que te recuerden…?

Por eso dar feedback no va de “decir las cosas claras” sin más (sincericidio). 


Va de decirlas de forma que puedan ser escuchadas y que no hagan daño , de tener empatía y de ser buena persona. 

Recuerda, aún trabajas con personas, no son la IA.

Lo primero: el feedback empieza antes de abrir la boca

Las últimas investigaciones en neurociencia,insisten en algo que encaja perfectamente aquí: cuerpo y cerebro van juntos

Si llegas acelerado, con tensión, con la mandíbula apretada y con ganas de “tener esta conversación de una vez”, tu cuerpo ya está hablando antes que tus palabras. Y sí, se nota.(el cerebro de la otra persona lo interpreta en cero coma)

Así que vamos al lío.

Los 8 pasos para dar feedback y tener paz

1. ¿A quién te diriges?

Sin una fecha, lo normal es que se posponga o se diluya entre otras urgencias. Poner un tiempo concreto ayuda a ordenar, priorizar y pasar de la intención al compromiso.

2. ¿Por qué vas a hablar?

Define qué ha pasado, pero sin novela.
Hechos y datos. No interpretaciones.
Ejemplo: No es lo mismo decir , “siempre vas a tu bola”, o “en la reunión de ayer interrumpiste tres veces y no se cerró el tema”.

3. ¿Para qué lo haces?

Aquí está media conversación ganada o perdida.
¿Quieres corregir, construir, aclarar, poner límites o simplemente desahogarte con elegancia?
Si es lo último, mejor no lo llames feedback.

4. ¿Qué vas a decir?

Prepara los puntos clave.
Principio, punto a tratar y conclusión.Por favor, se breve, ponte un tiempo máximo.

No hace falta escribir una tesis, pero sí tener claro el mensaje para no empezar por una cosa y terminar hablando de 2007.

5. ¿Cómo lo vas a decir?

Este paso vale oro.
Porque el cerebro no solo escucha palabras: también capta tono, intención, velocidad y tensión. Si la otra persona percibe amenaza, se pone a la defensiva antes de que llegues al segundo ejemplo.

6. ¿Cuánto tiempo necesita esa conversación?

Si quieres hablar de algo importante, no lo metas entre “te lo digo rápido” y “me tengo que ir”.
Las conversaciones delicadas no funcionan bien en modo microondas.

Controla tu prisa por soltar.

7. ¿Cuándo es el mejor momento?

Dar feedback un lunes a primera hora o un viernes cuando la persona ya tiene la cabeza en el finde,  no produce el mismo efecto.
El momento importa y mucho.

Practica la empatía, ponte en su lugar.

8. ¿Dónde vas a hacerlo?

El lugar también comunica.
No es lo mismo corregir algo sensible delante de más gente que en un espacio tranquilo.
Y no, la máquina de café no siempre es el mejor despacho del mundo.

La idea importante

Dar feedback no es soltar información.


Es crear una conversación que ayude a mejorar sin disparar miedos y defensas innecesarias.

Cuando preparas bien una conversación:

  • Reduces tensión
  • Generas más confianza 
  • Crece la probabilidad de que se mejore en futuro. 

La evidencia reciente también relaciona una comunicación más consciente por parte del liderazgo con más empatía, más confianza interpersonal y más seguridad psicológica en los equipos.

Así que, la próxima vez que tengas una conversación pendiente, no improvises como si fueras la estrella invitada de un drama de oficina.

Aclara el objetivo

Respira.

Prepara.

Porque muchas veces la paz no llega por callarte.
Llega por aprender a conversar mejor.


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Ana Caldas

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